Un tio normal

viernes, 6 de abril de 2012

Tu sonrisa, la flor del azahar


Dicen que el sentido del olfato es el que más conectado está a los recuerdos que guardamos en nuestro cerebro... y creo que es cierto, como por ejemplo te llega el aroma de un guiso y te transporta a la cocina de tus mayores o cuando te embriaga el olor de un libro nuevo y recuerdas los años en los que comenzabas nervioso el colegio.
Hay un olor en particular que nunca podré disociar de mi mente, que siempre estará ligado a unos años maravillosos de mi vida. Cuando llegué a Córdoba tuve el privilegio de pasear por la calle San Francisco el último día de marzo y el olor que desprendían los naranjos en flor solo puedo decir que embriagaron mi mente, marcando a fuego en mi corazón ese momento tan especial. Desde entonces, en todas las ocasiones que he tenido la oportunidad de pasar bajo un naranjo, ha revivido en mi ese momento y es, principalmente, ese momento el que quiero guardar en una parcela de oro dentro de mi ser.
Solo me queda agradecerte enseñarme tantas cosas en la vida y haber querido compartirla conmigo en todas y cada una de sus facetas. Tu sonrisa, la flor del azahar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El hueco en el que anido (I.S.)

Se quema la tarde mientras yo te miro sin que te des cuenta.
Y exhala tu pena un perfume muy dulce y se congela el sueño.
Se apagan los cuerpos, miras la ventana con aire ausente
como quien mira alumbrada por la luz del ocaso a un niño que duerme.

Tus ojos se tiñen con el viejo color de la infancia,
nostalgia del tiempo en que todo tenía respuesta,
en que era más largo el verano y más pequeño tu mundo.
Y unos pasos seguían siempre de cerca a los tuyos.
Y yo te diría, no sé,
que las cosas van a marchar bien,
te mostraría el futuro, la borra del café,
con ángeles y estrellas,
noches, milongas
e historias, ¿recuerdas?, que hablan
de viejos amantes que crecen,
que dudan y esperan
su turno mientras anochece
y el mundo se enferma.

A veces vigilo con calma tu rostro mientras miras fuera.
Escribes, navegas, revisas las fotos del último viaje.
Y cubre de nieblas tu piel, sin aviso, la memoria herida.
Fumas un cigarro, suspiras y esparces todas las cenizas.

Te callas y el miedo, feroz, cose tus pestañas.
Delicadas alas de una dulce mariposa,
veloz, fuerte y luminosa. Sin tregua persigo su vuelo
y cubre nuestra casa el polvo del recuerdo,

Y, como la tierra generosa abraza la raíz
de un frutal encendido, yo te abrazo a ti.
Y abrazo tu ropa, no sé, tus maletas
tu rostro, tus dudas, tus pies, su huella,
tus manos y hasta tus zapatos,
tu pena, mi castigo,
la curva de tu espalda,
el hueco en el que anido.

http://youtu.be/DMreacxx-gY

martes, 19 de julio de 2011

El tren ha llegado a una estación



En noviembre del 2008 os invité a todos a subir a mi tren de largo recorrido y muchos aceptasteis subir en el y compartir conmigo y con más gente ese viaje. Pues bien, este tren ha llegado a una nueva estación y se ha detenido para, en este caso, que se apease uno de sus pasajeros más antiguos. Este hombre, singular donde los haya, ha tomado otro destino después de casi 88 años surcando las vías incansable, renqueante, pero imparable. Es una de esas personas que cuando se sube al tren de cualquiera, los vagones cambian por completo, dando a la dimensión del viaje una perspectiva totalmente distinta, demostrando que la vida puede ser de otra manera. Su forma de vivir no era solo el mecanismo de un reloj que puedes modificar con la ruedecilla de la parte derecha, era una filosofía compleja y difícil de poder llevar a cabo. Vivir, en infinitivo, era su verbo y su máxima era "duro que va al baile, duro que no vuelve". Su bastón era su bien más preciado y casi el único, pero su mente era su bastión, refugiado en sus mazmorras hasta el último minuto. Por desgracia, hace ya años que se fue tal y como era, pero puedo asegurar que al menos en mi, perdura tan presente como cuando me atacaba el maniferro. Tuve la suerte de compartir muchos momentos con él, de escucharle, de decirle que me dejase un rato y de añorarle cuando no lo estaba a mi lado, pero gracias a él aprendí que la vida es solo una y que nunca debes permitir que otros la vivan por ti. Gracias Ramiro, puedes estar tranquilo porque tu si le diste julepe a vida sin llevar triunfos.

lunes, 23 de mayo de 2011

Jornada electoral

El día electoral ya terminó. Ciertamente, este año no he sufrido en demasía la campaña electoral ya que apenas he visto la televisión ni he escuchado la radio. Aún así, he creído hacer dos comentarios que me han llamado la atención de esta jornada electoral.



La primera se refiere a los resultados producidos en Córdoba. El Partido Popular ha conseguido la mayoría absoluta (normal) y el partido gobernante, Izquierda Unida, ha perdido siete concejales (normal también). Pero lo realmente llamativo es la cantidad de concejales que ha conseguido un partido de nueva creación, Unión Cordobesa. Este partido político ha conseguido cinco concejales. No resultaría del todo llamativo si no fuese por la persona que va por este partido como candidato a la alcaldía. Esta persona es, ni más ni menos, que Rafael Gómez Sánchez, más conocido como Sandokan. Dicho personaje está imputado en el caso Malaya y es conocido en la ciudad por todos los tejemanejes que ha ido realizando durante muchos años. Es cierto que sus diversas empresas han dado puestos de trabajo a una cantidad importante de ciudadanos cordobeses, pero este hecho no quita para que nos olvidemos de su reputación y de las maneras a las que está acostumbrado para conseguir muchos de sus objetivos. Personalmente y respetando la decisión que cada persona hemos podido hacer en democracia, me parece una vergüenza que el pueblo de Córdoba haya depositado su confianza en una persona que sabemos que no es trigo limpio... ya nos quejaremos y nos echaremos las manos a la cabeza.



El segundo hecho que me ha llamado la atención se produjo anoche en la calle Génova, en Madrid, en la sede central de PP. En una de las conexiones que hizo TVE (La 1) se podían ver multitud de banderas azules ondeando celebrando ala victoria de su partido en la mayoría del territorio español. Las personas allí reunidas estaban esperando a que su presidente, Mariano Rajoy, apareciese en el balcón para felicitar a sus fieles y festejar la victoria electoral. Hasta aquí, normal, pero la persona que estaba poniendo la música decidió que había que poner un toque distinto, original, diferente... divino. Esta persona pidió a todos los asistentes que coreasen el estribillo de la canción que decidió poner...YMCA, de los Village People, conocida como una de las canciones emblemáticas de los gays... Como poco, curioso. ¿Verdad?

jueves, 24 de febrero de 2011

Viva la velocidad!!!!



Hace unos días recibí un correo electrónico con la imagen de un agente de la Guardia Civil. Dicho agente estaba sentado entre unos matorrales y detrás del quitamiedos de una carretera con un carril para cada sentido. En la imagen se podía apreciar el radar que estaba colocado por detrás del quitamiedos y toda la instalación necesaria para realizar su trabajo. Debajo de la imagen, con letras grandes y signos de interrogación, se podía leer: ¿¿¿Y NO ES RECAUDACIÓN???
Desde hace unos años, todos hemos podido comprobar que en las carreteras españolas han aumentado los carteles avisando de "VELOCIDAD CONTROLADA POR RADAR". En su momento hubo una declaración del Director General de la DGT diciendo que los radares iban a aumentar en número para que la seguridad del tráfico fuese más eficaz. De hecho, es una valoración mía, pero creo que este acto, unido a la creación del carné por puntos, ha sido una de las medidas responsables de que en los últimos años haya descendido tanto la siniestralidad en las carreteras.
Lo que me llama poderosamente la atención es el comentario de la recaudación. La imagen del agente de la Guardia Civil, escondido de la visión de los conductores, efectivamente induce a pensar en una trampa más que en el efecto disuasorio de la presencia de la Benemérita, ya que todos los conductores, aunque circulen a la velocidad correcta, cuando vemos a la Guardia Civil de Tráfico, reducimos la velocidad. Pero mi reflexión va por otro lado... Pensamos en que el radar está colocado para recaudar dinero al detectar a vehículos a velocidad excesiva y, además, ponemos el grito en el cielo: "Hay que ver con esta gente, que solo piensan en el dinero, que hay que ver lo que dicen de la seguridad, que así no se va a ninguna parte" y palabras mucho más malsonantes. Pero esas palabras las dicen aquellos que al incumplir las normas de tráfico, se indignan porque se les sancione, pero si no infringiesen dichas normas, no tendrían por qué molestarse.

En resumen, nos sancionan por incumplir la ley y lo que hacemos es llamarlos ladrones, cometemos una infracción conscientemente y nos indignamos porque se nos sancione. Mi pregunta es: ¿Cual de las dos partes tiene la culpa, el que incumple o el que sanciona? ¿No deberíamos ir a la velocidad correcta sin pensar si nos vamos a encontrar con un control de velocidad? Cometo una infracción, y si me pillan, les pongo, nunca mejor dicho, verdes.

martes, 30 de noviembre de 2010

Mi limón, mi limonero

La historia que os voy a contar es totalmente verdadera, de principio a fin y desvela un gran secreto que ha hecho que fuera el hazmerreir de mi familia.

Había una vez un campo en el que había un limonero muy verde y espeso. El limonero vivía esbelto y feliz sin que nadie le hiciera mucho caso. No sabemos si por casualidad o por capricho de la naturaleza, el limonero nos quiso obsequiar un año con dos limones, los cuales estuvimos cuidando durante toda su maduración. Pero quiso también la madre naturaleza privarnos de dicho regalo cuando, por una tormenta, aparecieron los dos limones en el suelo sin haber madurado. Ese mismo invierno, un leñador inexperto y con muy poco conocimiento en todo lo relativo a la agricultura, tomo la decisión de podar el limonero como su entendimiento le aconsejaba. Desde entonces, fue la mofa de todo aquél que se encontraba con el limonero de frente, pensando que se parecía a cualquier árbol menos a un limonero.

Al cabo de los años, parece que el limonero se le pasó el enfado con el leñador desconsiderado y decidió obsequiarle con once nuevos frutos. Como en la ocasión anterior, la familia estuvo mimando y observando los frutos mientras maduraban, hasta que en un día, por motivos culinarios, se necesitaba un limón y decidimos coger el que vimos más maduro, siendo nuestra sorpresa... que no daba limones, sino naranjas amargas.

Con esto no quiero exonerar mi parte de culpa en el arte de podar los limoneros, pero que quede claro que si no daba limones no era por mi culpa.

martes, 20 de julio de 2010

El guardián entre el centeno

La primera sensación que he tenido ha sido de sorpresa. Con la fama que tiene el libro, me esperaba una novela de otro estilo, tanto literario como de contenido. Y con lo que me he encontrado ha sido con la historia de un chaval de dieciséis años, sumergido en una espiral de autodestrucción.
No hay nada en el mundo real que le motive en su vida, excepto su hermana pequeña, la cual la tiene colocada en un pedestal. Todo cuanto ve y siente deriva al instante a un estado depresivo y crítico en el que todo es negativo. Es un personaje insólito.
La novela engancha desde el principio, aunque tiene ciertas divagaciones que pueden hacer pensar en que no se sabe qué novela se está leyendo, pero suele retomar el hilo de la historia de forma brusca y tajante, recordando cualquier conversación con un adolescente de caracter acelerado.
Me estuve informando un poco sobre la novela y una de las cosas que me llamó la atención fue que sirvió de libro de cabecera para varios asesinos en serie. Al principio no entendía bien por qué, pero si se lee con detenimiento, la crítica que hace de la sociedad neoyorquina refleja descontento y rechazo, motivo por el que algunos de estos asesinos pudieron ver en el protagonista su propia imagen.
Lo recomiendo, pero no es lo que me esperaba